lunes, 2 de febrero de 2026

"El sistema capitalista contemporáneo como estructura de poder".


Imagen 1
Representación de un Sistema Inteligente de Gobernanza Global Autónomo, diseñado con la herramienta de Google Gemini


El sistema capitalista contemporáneo como estructura autopoiética de poder: una lectura desde la teoría de sistemas.

Prof. Jesús Alberto Casique
Enero de 2026
Profesor de la Universidad Politécnica Territorial de Mérida "Kléber Ramírez".


Introducción
El objetivo de este ensayo es caracterizar el capitalismo contemporáneo como una estructura autopoiética de poder, describiendo sus niveles de operación y explorando posibles líneas de resistencia desde la base social. Este ensayo no persigue emitir un juicio moral sobre el capitalismo contemporáneo, mucho menos clasificarlo como un sistema “bueno” o “malo”, sino describir su lógica de funcionamiento como estructura. Se parte de una aproximación analítica que busca hacer un mapa del sistema como un gran sistema cerrado, con el fin de visualizar su lógica operativa sin introducir valoraciones éticas explícitas. 

En la actualidad, no escapamos de un contexto marcado por la proliferación de teorías de conspiración en redes sociales, donde se mezclan algoritmos y supuestas narrativas de control global, principalmente en jóvenes. Lo que propongo es sustituir la retórica conspirativa de las redes sociales por el análisis de sistemas. En lugar de imaginarios “manos ocultas”, desplazarnos y enfocarnos hacia la comprensión del capitalismo como un gran sistema autónomo que se reproduce de forma expansiva bajo su propia inercia estructural. Desde esta perspectiva, el problema central no es la existencia de una única élite todopoderosa que lo controla todo, aunque tampoco negamos la existencia de estructuras que abusan permanente del poder global, sino ver la operación de un entramado sistema autopoiético que utiliza a los actores, incluidas las élites, como nodos funcionales dentro de una red más amplia.


Caracterización de la teoría de sistemas y de la economía estructuralista.
La reflexión se apoya, en primer lugar, en la teoría de sistemas sociales de Niklas Luhmann [1], particularmente en su adaptación del concepto de autopoiesis —tomado de Maturana y Varela— al análisis de la sociedad moderna. El sistema capitalista se concibe, así como un sistema autopoiético: se define y reproduce a sí mismo mediante sus propias operaciones, generando sus propios límites, códigos y formas de integración. Bajo este enfoque, el capitalismo no es solo un modelo económico, sino una forma de organización del poder y de la reproducción social. Resaltar que nos hemos apoyado en Luhmann en el uso de su metodología de interconexión de ideas (Zettelkasten).

En segundo lugar, se incorporan elementos de la economía estructuralista latinoamericana, inspirados en autores como Antonio Castro y Carlos Lessa [2], que enfatizan las relaciones económicas como una estructura organizada, donde la economía no se entiende como una simple suma de mercados o intercambios individuales, sino como un aparato productivo organizado. Por lo tanto, estas relaciones económicas son jerarquías, especializadas en los flujos internacionales de comercio y financiamiento. Desde esta óptica, la economía mundial no se configura como un mercado neutro, sino como una arquitectura de intereses en la que ciertos nodos, rutas comerciales, sistemas de pago, control sobre los recursos naturales, adquieren un papel estratégico para la mantención del orden global.

Finalmente, se conectan estas lecturas con la noción de reproducción metabólica del capital, desarrollada por el profesor István Mészáros [3] en su obra “Más allá del capital”, donde el actual sistema capitalista se entiende como una totalidad que instrumentaliza las crisis y las normas jurídicas para garantizar su propia continuidad. La crisis se convierte así en un mecanismo de depuración y ajuste, más que en una anomalía. En paralelo, agregamos elementos de actual crítica cultural de Byung-Chul Han [4] sobre la “sociedad del cansancio”, donde el sujeto contemporáneo se autoexplotaría en nombre del rendimiento y el éxito individual, internalizando las exigencias del sistema como si fueran autoexigencias.


El sistema capitalista como una gran estructura cerrada y jerarquizada.
Desde este marco, el capitalismo contemporáneo puede describirse como un sistema relativamente cerrado, orientado a preservar su propia lógica de reproducción. “Cerrado” no significa impermeable a lo externo, sino dotado de procedimientos para neutralizar o reintegrar aquello que aparece como una perturbación en la estructura. Toda forma de resistencia, disidencia o alternativa tiende a ser procesada como “ruido”: se la margina, se la criminaliza o se la reabsorbe, ya sea convirtiéndola en nicho de mercado, en mercancía cultural o en desviación tolerada en la estructura. Tenemos ejemplos en las luchas de los movimientos verdes ecológicos, o las luchas feministas, el mismo Bitcoin como dinero alternativo, entre muchas otras luchas. Si inventas una moneda nueva para escapar del sistema, el mismo sistema la regula o la compra. Si surge una idea revolucionaria, el sistema la convierte en un producto de consumo. Así funciona este sistema.

Esta autonomía de funcionamiento se apoya en una organización por niveles, se sostiene sobre una jerarquía funcional. El sistema se organiza en torno a lo que podríamos denominar “una arquitectura de intereses alineados y conectados”, conformada por nodos críticos de poder económico, político, militar y simbólico. No se requiere una conspiración explícita entre todos los actores; basta con que sus intereses converjan en determinados puntos estratégicos. Entre esos nudos se encuentran:

a. Las rutas comerciales globales, que permiten controlar los flujos físicos de bienes y energía.

b. Los sistemas de pago internacionales, como el sistema de pagos SWIFT o CIPS, que operan como mecanismos de inclusión y de exclusión financiera.

c. El control sobre recursos naturales estratégicos, especialmente en el litio, petróleo, tierras raras, metales preciosos, que condiciona la capacidad de los Estados “periféricos” para desarrollar proyectos soberanos.

En este entramado, la noción de “Estado que domina al Estado” alude a una racionalidad sistémica que desborda las instituciones formales de gobierno. No se trataría tanto de individuos o familias específicas sentadas “en la cúspide”, sino de una lógica de supervivencia sistémica que se impone a los propios actores, obligándolos a comportarse según los imperativos de acumulación, expansión y control. Una forma más sencilla de comprenderlo, es bajo la analogía de una especie de colmena de abejas, donde la voluntad propia desaparece en favor del sistémica. ¿Quién se beneficia? Ni siquiera la "reina" de las abejas (la élite), aunque posee autonomía; ella es solo otra esclava funcional obligada a la reproducción constante del orden. El beneficiario último es la "Idea de la colmena" (el Capitalismo como sistema autónomo).


Primer Nivel de la Estructura: Gobernanza autónoma, élites y “Estado profundo global”.
Para que la estructura cerrada pueda operar, requiere una estructura jerárquica, ordenada y disciplinada, la cual hemos ilustrado en la imagen 1, para hacer una representación visual de la misma, apoyándonos en la inteligencia artificial. Primero, la cúspide de la estructura debe ser una forma de gobernanza consensuada del sistema profundo global. No se trata de una persona o de una sede identificable, sino de una red de “inteligencia colectiva” resultante de la interacción entre algoritmos, consensos de élite y organismos de coordinación global. Una manera de ilustrarlo, fue simbolizarlo como un gran “cerebro interconectado”, que en realidad simboliza las ideas dominantes en el sistema global. En épocas pasadas, esta función de orientación ha sido desempeñada por religiones, monarquías, partidarios políticos de grandes ideologías y hoy, crecientemente, por las grandes infraestructuras de datos y plataformas digitales.

Segundo, en torno a esta cúspide se ubican los que denominamos los arquitectos del sistema (los influyentes), de un lado las élites globales (Global Elites), que financian los tanques de pensamiento (Think Tanks) y del otro lado el poder operando que no vemos, las grandes instituciones religiosas, además los servicios y agencias de inteligencia internacional, como también las grandes familias Poderosas. 

Las élites globales, financian los tanques de pensamiento (think tanks), quienes actúan como laboratorios de ideas y suministran marcos normativos, diagnósticos y proyectos de reforma que luego son adoptados por los Estados y gobiernos, bajo influencia de estás élites globales.

Por otro lado, tenemos el tejido histórico, las grandes instituciones religiosas, grandes familias que acumularon y concentraron capital, junto a parte de algunas agencias de inteligencia y seguridad global, parte de organizaciones militares, algunos políticos burócratas de carrera ubicados en cargos estratégicos, grupos de mafias organizados y grupos de influencia, todas estas facciones conforman lo que se ha denominado “Estado profundo global”, un tejido informal de poder que trasciende las fronteras nacionales y que opera de manera transversal a distintos gobiernos y regímenes, según el alcance de la red.

Es importante subrayar que al hablar de “Estado profundo global” no implica asumir una teoría de conspiración, este enfoque no encaja, no sirve para nuestro análisis, por el contrario, nos da una visión completamente sesgada, debemos saber que no existe un gran plan maestro super oculto. En su lugar debemos describir esta gran red de actores con capacidad de influencia desproporcionada, como grandes organizaciones que abusan del poder, cuyas decisiones no siempre son visibles para el público, pero que sabemos que intervienen de manera decisiva en la definición de agendas, en la gestión de crisis, en la manipulación coordinada de los mercados financieros, y en la delimitación de lo posible dentro del orden mundial.

En síntesis, este primer nivel describe una gobernanza global sin centro visible, ejercida por una red de élites y un “Estado profundo transnacional” que fija y establece las agendas y coloca límites de lo posible sin recurrir a una conspiración única.


Segundo Nivel de la Estructura: La sala de control sobre el comercio internacional, las plataformas de pagos y los recursos naturales.
En el núcleo del sistema se ubica una tríada que podría denominarse “sala de control de máquinas” de la gobernanza global. Tres pilares sostienen la capacidad del sistema para disciplinar a los Estados y las poblaciones.

a. Las rutas comerciales críticas.
El control de los puertos, canales, corredores energéticos y cadenas logísticas permite condicionar el comportamiento de los Estados. La historia reciente ofrece múltiples ejemplos en los que bloqueos, sanciones comerciales o interrupciones de suministro se utilizan como instrumentos de presión para forzar alineamientos geopolíticos. Como ejemplo, vemos como el reciente bloqueo marítimo en el Mar Caribe sobre Venezuela, y más recientemente, los conflictos por la concesión de dos puertos estratégicos en el Canal de Panamá a una empresa de Hong Kong.

b. Sistemas de pago globales.
Las infraestructuras financieras internacionales funcionan como dispositivos de inclusión o expulsión. La desconexión de un país del sistema de pagos dominante, como el sistema de pagos SWIFT, no solo limita sus transacciones, sino que lo margen de la economía mundial, afectado su capacidad para financiar importaciones, acceder a crédito y sostener su moneda. Ejemplo son los casos de países sometidos a sanciones financieras, como Venezuela, Rusia, Cuba o Irán, donde se ilustra este mecanismo de control. Ya lo hacen con plataformas de criptomonedas centralizadas.

C. Control sobre los recursos naturales.
Los recursos estratégicos energéticos, minerales, alimentarios, se convierten en puntos de presión. El sistema tiende a asegurar que dichos recursos se integren en los circuitos globales de acumulación y que no queden bajo control de proyectos políticos que cuestionan la lógica dominante. La disputa por el litio, el petróleo o las tierras raras revela hasta qué punto la geopolítica de los recursos está vinculada a la estabilidad del sistema.

En el centro de esta tríada, la idea de “clausura operativa” alude a la capacidad del sistema para absorber los intentos de ruptura. Las iniciativas que buscan desbordar el orden, desde los movimientos ecologistas, las luchas feministas, hasta propuestas monetarias alternativas como el Bitcoin, suelen ser reguladas, cooptadas o convertidas en mercancía, reforzando así la plasticidad adaptativa de la estructura capitalista.

En síntesis, este segundo nivel es la sala del control de máquinas del sistema, mucho más visible y observable, una tríada de control sobre las rutas comerciales, los sistemas de pago y control de recursos naturales que disciplina a los Estados y absorbe cualquier intento de ruptura.


Tercer Nivel de la Estructura: Sujetos funcionales, cansancio y control reticular.
En este ecosistema, los seres humanos se convierten en nodos de energía funcionales a la reproducción del sistema. La metáfora cinematográfica de “The Matrix” resulta útil para ilustrar una realidad en la que no se requieren sujetos felices o sabios, sino individuos operativamente eficientes, adaptados a las exigencias de productividad, consumo y rendimiento.

Byung-Chul Han ha descrito esta dinámica como “sociedad del cansancio”, donde el sujeto de rendimiento se auto explota en nombre de su autorrealización y éxito. El capitalismo contemporáneo ya no necesita imponer disciplina frecuentemente a la fuerza como anteriormente lo hacía, únicamente desde afuera; ahora se apoya en la interiorización de sus mandatos, de modo que el individuo se examina, se vigila y se exige a sí mismo en función de criterios de eficacia, competitividad y visibilidad.

En este contexto, el control deja de ser estrictamente vertical para tornarse reticular. Ya no se trata solo de órdenes descendientes, sino de una red de vigilancia mutua, donde instituciones, plataformas digitales y usuarios en redes sociales son contribuyentes, de manera activa o pasiva, a la normalización de patrones de comportamiento. Como anteriormente lo mencionamos, el sistema funciona como una colmena donde incluso la “reina” de la colmena (las élites), se encuentra sujeta a la lógica reproductiva del conjunto. El beneficiario último no es un sujeto concreto, sino el propio sistema de acumulación de capital, entendido como “idea de la colmena” que organiza y orienta las conductas.

En resumen, vemos que el tercer nivel muestra cómo el sistema convierte a las personas en sujetos autoexplotados y vigilados en red, cuya vida y cuerpo quedan subordinados a la lógica productiva y de consumo del capital. Los vemos permanentemente.


Nivel Base de la Estructura: Gobernabilidad, hiperstición, gestión e incluso aniquilación de la resistencia.
En la base del sistema (el gran soporte) se ubican los mecanismos de gobernabilidad y gestión de la resistencia. 

Del lado derecho tenemos las instituciones democráticas, los procesos electorales y la política liberal tradicional que opera dentro de un margen acotado por la estructura económica y financiera. La alternancia de gobiernos no necesariamente implica una alteración sustantiva de la arquitectura de poder, especialmente cuando la política económica queda subordinada a compromisos financieros, tratados, pagos de deuda y acuerdos transnacionales.

La noción de “hiperstición”, popularizada por el CCRU, ayuda a comprender cómo ciertas ideas, narrativas o imaginarios, al ser ampliamente difundidos, terminan produciendo efectos reales. Proyecciones sobre el futuro, por ejemplo, la promesa de una sociedad donde “no tendrás nada y serás feliz” pueden funcionar como guiones que orientan conductas, decisiones de inversión y políticas públicas, hasta creer que pueden volverse profecías autocumplidas.

Del lado izquierdo, tenemos la resistencia, que, por su parte, es gestionada de múltiples formas. Algunos movimientos sociales, gobiernos soberanistas o actores insurgentes que cuestionan el orden, son etiquetados como amenazas al sistema, términos como terroristas, criminales, irracionales, guerrillas, insurgentes, enfrentan dispositivos de neutralización que combinan sanciones, guerra informativa, presiones diplomáticas y, en ocasiones, intervenciones militares directas o encubiertas para aniquilarlos. Allí donde la destrucción resulta demasiado costosa, el sistema opta por la reintegración, incorpora demandas, las convierte en políticas parciales o las neutraliza mediante su transformación en productos. Vemos un ejemplo reciente en Siria.

El objetivo no es tanto alcanzar la “paz” o desatar una “guerra total”, sino preservar el flujo: el flujo de capital, de información, de energía y de obediencia. Siempre que la red global siga operando, los focos de colapso local como los salarios precarios, crisis habitacional, exclusión de migrantes, deterioro del Estado de bienestar, pobreza que no desaparece, vejez de mala calidad, son tratados como daños colaterales gestionables.

En definitiva, en este último nivel de la estructura, muestra cómo el sistema usa la gobernabilidad (leyes) y las narrativas (medios de comunicación) para legitimar el orden, mientras gestiona (por medio de las agencias de inteligencia) o aniquila militarmente la resistencia. La estructura no permite que sean interrumpan los flujos de capital y de obediencia.


La nueva cultura del consumo e identidad en el capitalismo.
En este escenario, el sistema ofrece a los individuos una identidad primordial basada en el consumo. El éxito personal se mide, de manera creciente, por el nivel de ingreso, el acceso a bienes y servicios, y la visibilidad asociada al consumo ostensible. Literalmente ser “rico” se presenta como sinónimo de vida buena, contrariamente a épocas pasadas, donde los valores como la justicia, el bien común, la confianza o la solidaridad eran aceptados como parte del éxito personal, en la sociedad actual quedan relegados a un segundo plano.

Este desplazamiento contrasta con modelos anteriores de sociabilidad en los que la pertenencia comunitaria, la reputación moral o la participación política ocupaban un lugar más central en la definición de la vida buena. Hoy, la lógica del mercado penetra incluso en las esferas afectivas y relacionales, monetizando el tiempo, la atención y los vínculos. Quien no se adapta a esta lógica puede devenir en una especie de “residuo sistémico”, un sujeto descartable, etiquetado como fracasado, disfuncional o peligroso.

La reflexión individual, en este contexto, corre el riesgo de ser percibida como disfuncional, en la medida en que ralentiza el ritmo impuesto por el sistema. Se favorece, en cambio, una subjetividad fragmentada, distraída y permanentemente conectada, que oscila entre la autoexplotación y el entretenimiento en las redes sociales, sin tiempo, ni energía para una organización colectiva sostenida. Principalmente, en los más jóvenes; donde los primeros niveles de la estructura, por medio de sus emisores  cercanos, como las redes sociales, televisión, medios digitales, en la escuela, o en el entorno actual, imponen la narrativa de que debes poseer y tener todos los deseos, el marcador de esa felicidad es si eres rico, y caso contrario, como seguramente le sucede a la gran mayoría de la población joven, buscar enfocarlo únicamente en este propósito de forma individual, alejándolo de la lucha colectiva. 

Imagen 2
Infografía del Sistema Inteligente de Gobernanza Global Autónomo, diseñado con la herramienta de NotebookLM

Conclusiones y recomendaciones.
Frente a esta imagen de la estructura capitalista actual, la cuestión no es si el sistema puede ser derrotado mediante un acto de fuerza. Plantearlo desde esta óptica es simplemente no conocer la historia de los cambios de estructura. Podemos encontrar en la obra de Carlos Domingo [5], una mención al respecto, la literatura del cambio de estructura esta dispersa en numerosas obras de política, psicología, ciencias sociales, biología, historia, y asociada a nombres como Hegel, Marx, Toynbee, Lenin, Kuhn, Freud, Janov, entre otros autores. Cada uno lo aplica a su sistema particular. Lo importante aquí es comprender lo que Domingo menciona: “cuando el sistema entra en el camino de rechazar los problemas, sus mecanismos de defensa se multiplican y articulan en sistemas defensivos y el número de problemas no resueltos crecen peligrosamente”. 

Es decir, en una estructura capitalista como la actual, donde las generaciones más jóvenes viven en una sociedad no satisfactoria porque los salarios empeoran, las viviendas escasean, la pobreza no desaparece, lo migrantes son rechazados, la vejez es de mala calidad, obviamente los problemas tienen a no ser resueltos. Lo que podría generar una crisis, que a su vez es aprovechada por los primeros y últimos niveles de la estructura para crear una “la lucha de contrarios”, o implementar “la distancia del pensamiento distinto”. Por tanto, no hay conclusiones definitivas frente a esta estructura, simplemente ideas provenientes de grandes pensadores que en otros tiempos se han planteados el problema de cambio frente a estas estructuras. 

En palabras del autor Arnold Toynbee [6], la humanidad balancea precariamente en la cuerda floja entre el optimismo y el pesimismo, entre el bien y el mal, entre el racionalismo y la emoción ciega, entre la amenaza del aniquilamiento y la esperanza de la paz, entre lo ideal y lo real, entre el pasado y el futuro. La humanidad desde esta posición podría fácilmente caer en el abismo de la autodestrucción. No obstante, parece ser que el hombre ha sido capaz de encontrar soluciones sociales y filosóficas a los problemas creados por el avance de la tecnología. Si así ha ocurrido en el pasado, ¿por qué no va a ser igual en el futuro?

Bajo esta premisa de resiliencia histórica de Toynbee, la respuesta parece residir no en las grandes estructuras, sino en la posibilidad de construir alternativas desde la base. Al preguntarnos lo siguiente, si la estructura capitalista se alimenta, en buena medida, del aislamiento del individuo y de la sociedad del cansancio, ¿Qué ocurriría si se configurara un tejido social distinto, basado en la ayuda mutua, la cooperación y la solidaridad? Para hacer frente a esta enorme estructura.  Es posible que las personas dejen de definir su valor exclusivamente a través del saldo de su cuenta bancaria o del reconocimiento en redes sociales, y comiencen a organizar formas de vida.

Bajo la visión del autor Boaventura de Sousa Santos [7], vemos algunas alternativas, como pequeñas comunidades pueden reconstruir, fortalecer vínculos de confianza y desarrollar prácticas económicas alternativas a la estructura, me refiero a cooperativas, redes de intercambio, movimientos comuneros, economías solidarias, que no se reduzcan a la lógica de la acumulación sin fin. Ejemplos como los trabajadores rurales del Movimiento Sin Tierra de Brasil (MST), las asociaciones de propiedad comunal en Sudáfrica, cooperativas recicladoras de basura en Colombia, cooperativas en Mozambique, las comunas en Venezuela, quienes se convierten en redes de trabajadores en la resistencia al sistema. Debe quedar muy claro, no se concibe como destrucción inmediata del sistema, un objetivo probablemente inalcanzable en las próximas décadas, más bien se trata de un ajuste consciente de las prioridades de los pobres y excluidos, transitar hacia una autonomía más crítica, replantearse lo que entendemos por éxito, dedicar más espacio a la reflexión compartida y enfocar los esfuerzos en modelos de producción que realmente sostengan la vida. 

Finalmente, con este ensayo busco que los más jóvenes comprendan el capitalismo contemporáneo como sistema autopoiético de poder, esto no significa resignarse a su inevitabilidad, sino reconocer su complejidad y su capacidad de adaptación. Solo a partir de un estudio de la estructura, es posible imaginar estrategias de transformación que vayan más allá del moralismo o de la simple teoría de la sustitución de élites. 

La pregunta que queda abierta al lector es doble: ¿Qué aspectos de este sistema le resultan más inquietantes? Así que más estudio de sistemas, estructuras, y menos teorías conspirativas. Los leo en los comentarios, esperando aclararle dudas y les prometo que los leeré yo. Y muchas gracias por tomarte tu tiempo para leerme.


Bibliografía.
1. Luhmann, N. (1982). Autopoiesis, Handlung und kommunikative Verständigung [Autopoiesis, acción y comprensión comunicativa]. Zeitschrift für Soziologie, 11(4), 366–379. https://doi.org/10.1515/zfsoz-1982-0402

2. Castro, A., y Lessa, C. (1995). Introducción a la economía: Un enfoque estructuralista. Siglo XXI Editores.

3. Mészáros, István. (2001). Más allá del capital: Hacia una teoría de la transición. Vadell Hermanos Editores.

4. Han, Byung-Chul. (2012). La sociedad del cansancio. Herder Editorial.

5. Domingo, Carlos. (1973). El cambio estructural. Ed. Universidad Central de Venezuela.

6. Toynbee, Arnold. (1971). El desafío del Futuro. Guadiana Publicaciones. Madrid.

7. Boaventura de Sousa Santos. (2002). Producir para vivir. Los caminos de la producción no capitalista. Ed. Fondo de Cultura Económica